Las Variaciones Enigma y Nimrod: una música que conmueve

Por qué esta pieza de Elgar me da paz, fuerza y compañía

Hoy les quiero compartir una pieza de música clásica que sin duda, es una de mis favoritas desde que la descubrí hace ya muchos años. Cada vez que la escucho me conmueve y me da paz, me da fuerza y me emociona. Está pieza es “Nimrod” de las Variaciones Enigma de Sir Edward Elgar (uno de los más grandes compositores británicos y que yo admiro mucho), estas variaciones nacen de una idea íntima y muy personal. En 1898, después de un día difícil, Elgar se sentó al piano y empezó a improvisar un tema sencillo. Su esposa, Alice, notó que cada variación parecía retratar a alguien distinto. Así surgió la idea: 14 variaciones, cada una dedicada a una persona cercana a él —amigos, su esposa, colegas— retratados no de forma literal, sino emocional.

El “enigma” nunca fue explicado del todo. Elgar decía que había un tema oculto que nunca se escucha directamente, solo se intuye. Eso ha generado teorías durante más de un siglo, pero quizá lo más hermoso es que el misterio permanece.

Y luego está Nimrod…

Nimrod es la Variación IX, dedicada a August Jaeger, uno de los amigos más cercanos de Elgar y editor musical. En un momento de profunda inseguridad, Elgar pensaba abandonar la composición. Jaeger lo animó recordándole cómo Beethoven había atravesado crisis similares sin dejar de crear. Esa conversación —más que la persona— es lo que Elgar retrata aquí. Musicalmente, Nimrod es contención pura.

No busca deslumbrar: crece lentamente, respira, se expande con una nobleza casi dolorosa. La orquesta parece caminar con cuidado, como si cada nota fuera un acto de confianza. Por eso me emociona tanto: me acompaña.

Con el tiempo, Nimrod se convirtió en una pieza asociada al duelo, la memoria y la dignidad —se toca en funerales de Estado, conmemoraciones—, pero su fuerza real está en otra cosa: en la amistad, en el consuelo silencioso, en alguien que te dice “sigue” cuando dudas de todo.

Tal vez por eso me conmueve, me inspira y me da ánimos cada vez que la escucho.

Porque Nimrod no habla de triunfo, sino de humanidad. De esos momentos en los que alguien cree en ti cuando tú no puedes. Y para mí, eso vale oro.  

Nimrod tiene esa capacidad rara de tocar algo muy profundo, casi sin palabras.

Nimrod la usan mucho para funerales, es muy bonita para eso, pero no es música sobre la muerte; es música sobre seguir, incluso cuando todo pesa. Sobre la dignidad silenciosa de estar vivo. Así lo veo yo.

No te dice “sé fuerte”, dice algo mucho más humano: “estoy aquí contigo, da un paso más”. Vuelvo a repetir, te acompaña.

Musicalmente eso me fascina.

Empieza con cuerdas muy contenidas, sin prisa, como si la música dudara,,, la armonía avanza despacio, con pequeñas tensiones que no se resuelven de inmediato. Cuando llega el clímax (que lo van a notar), no es explosivo: es amplio, noble, como una luz que se abre sin deslumbrar. Y de pronto … vuelve a bajar. No termina en victoria ni en triunfo sino en paz. Por eso me encanta. Me alegra y me deja el corazón lleno.

Por este motivo funciona tanto en funerales, pero también en momentos de reconstrucción interior. Cuando no necesitas que alguien te salve, sino que te recuerde que puedes sostenerte.

Yo cuando la escucho a veces siento que me dice: “tú puedes, sigue adelante”.

Así como el espíritu de Jaeger, el amigo al que está dedicada. No fue un discurso grande lo que salvó a Elgar; fue una conversación íntima,  alguien que creyó en él cuando estaba a punto de rendirse.

Quizás por eso yo conecto tanto con ella, porque percibo la fuerza que no hace ruido, la valentía que no necesita proclamarse. El apoyo y el acompañamiento.

Ojalá la puedan escuchar y me den su opinón, espero la disfruten tanto como yo y les deje el corazón lleno. Les dejo el link de Spotify en mi bio 😉


https://open.spotify.com/track/23ryVoyGTrfO3F0GblIfnz?si=TQASxJCyThWmMBKo-7n2vg

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